Seis días después tomó Jesús consigo a Pedro, y a Santiago y a Juan, condújolos solos a un elevado monte, en lugar apartado, y se transfiguró en presencia de ellos: de forma que sus vestidos aparecieron resplandecientes y de un candor extremado como la nieve, tan blancos que no hay lavandero en el mundo que así pudiese blanquearlos. Al mismo tiempo se les aparecieron Elías y Moisés, y estaban conversando con Jesús. Y Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: "ĦOh Maestro! bueno será quedarnos aquí: hagamos tres pabellones, uno para Ti, otro para Moisés y otro para Elías". Porque él no sabía lo que se decía, por estar todos sobrecogidos del pasmo. En eso se formó una nube que los cubrió, y salió de esta nube una voz que decía: "Este es mi Hijo carísimo: escuchadle a El". Y mirando luego a todas partes, no vieron consigo a nadie más, sino a sólo Jesús. (v. 1-7)
Pseudo-Jerónimo
Después de la confirmación de la Cruz se muestra la gloria de la Resurrección, para que no temieran el oprobio de la cruz aquéllos que con sus ojos habían de ver la gloria de la futura resurrección, y así dice: "Seis días después", etc.
San Juan Crisóstomo, homilia in Matthaeum, 56,1
Aunque San Lucas dice: "Ocho días después", no hay contradicción en esto, porque contó el día en que dijo Cristo lo que queda expuesto y el día en que tomó consigo a sus discípulos. Los tomó, pues de allí a seis días, para que más inflamado su deseo en este espacio de tiempo considerasen solícita y atentamente lo que veían.
Teofilacto
Tomó, pues, consigo las tres eminencias de los apóstoles: San Pedro que le ama y le confiesa, San Juan el discípulo amado y Santiago el teólogo elocuente, al que mandó matar Herodes deseando complacer a los judíos que no podían sufrirle por esta cualidad.
Pseudo-Crisóstomo
No les manifiesta su gloria en una casa, sino en un elevado monte, puesto que convenía la elevación de un monte para manifestar la elevación de su gloria.
Teofilacto
Los lleva a un sitio retirado, porque lo que debía revelarles eran misterios. La transfiguración se debe entender, no como un cambio de figura, la cual siguió siendo la misma, sino como una adición de cierto esplendor inexplicable.
Pseudo-Crisóstomo
Por esto no debemos suponer que en el reino de Dios se transformen las figuras del Salvador, ni de los que le semejan en esplendor, sino que irán revestidas de este esplendor.
Beda, in Marcum, 3,27
Transfigurado el Salvador, no perdió su sustancia corporal, sino que mostró la gloria de la futura resurrección suya o nuestra. El que así apareció a los Apóstoles, así aparecerá después del juicio a todos los elegidos.
"De forma que sus vestidos aparecieron resplandecientes", etc.
San Gregorio Magno, Moralia, 32, 6
Porque en la altura de la claridad superior se le unirán los que brillan por su justicia, indicando con el nombre de vestidos a los justos, que unirá consigo. "Al mismo tiempo se les aparecieron Elías", etc.
San Juan Crisóstomo, homilia in Mattaeum, hom. 56, 1
El Seńor hace aparecer a Moisés y a Elías. Al primero, porque diciendo la gente que Cristo era Elías, o uno de los profetas, manifestaba así a sus discípulos la diferencia que había entre el Seńor y sus siervos; y a los dos juntos porque, acusándole los judíos de transgresor de la ley y juzgándole blasfemo porque se atribuía la gloria de su Padre, convenía que se mostrasen unidos a El, Moisés como legislador y Elías como celoso defensor de la gloria de Dios, lo que no hubiera hecho si fuera El contrario a Dios y a la ley. Y para que viesen que tenía potestad sobre la vida y la muerte mostró a su lado a Moisés, que había muerto, y a Elías que aún no había llegado a morir. Significó así también que la doctrina de los profetas fue una iniciación a la doctrina de la ley de Cristo. Igualmente significó la unión del Nuevo y Antiguo Testamento, porque los apóstoles se unieron en la resurrección con los profetas y ambos saldrán al encuentro al Rey de todos.
"Y Pedro dijo a Jesús: ĦOh Maestro! bueno será quedarnos aquí", etc.
Beda, in Marcum, 3, 27
Si la transfiguración de Cristo y la compańía de los dos santos, vistas un solo instante, deleitan de tal modo a Pedro que para que no desaparezcan quiere brindarles su hospitalidad, ¿cuánta no será la felicidad de la contemplación perpetua de la Divinidad en medio de los coros de los ángeles? "Porque él no sabía lo que decía, continúa". Aunque Pedro no sabe lo que dice, sobrecogido de pasmo en su humana fragilidad, da un indicio, sin embargo, del vivo sentimiento que le embarga. No sabía lo que decía, porque había olvidado que el reino de Dios había sido prometido a los santos no en un lugar de la tierra, sino en los cielos y no recordaba que ni él ni los demás apóstoles podían subir al estado de la vida inmortal envueltos como estaban todavía en carne mortal. Y no pensaba además que en el cielo, mansión del Padre, no es necesaria la mano del hombre para edificar casa. Aun hoy mismo la ignorancia llega al punto de que algunos deseen hacer un tabernáculo para la ley, otro para los profetas y otro para el Evangelio, cuando son cosas que de ningún modo pueden separarse.
San Juan Crisóstomo
Pedro tampoco entendió que el Seńor había obrado su transfiguración para demostrar su verdadera gloria, ni que el espíritu de Moisés no estaba reunido aún con su cuerpo, y en fin, que hacía esto para enseńar a los hombres, siendo muchos los que habían de salir de la multitud para ir a morar en los desiertos. "Por estar todos sobrecogidos del pasmo". Este temor nacía por que del estado ordinario se había elevado su espíritu a un estado mejor, porque exteriormente veía a Moisés y a Elías, pero le embargaba cierto afecto divino, como si aquella visión celestial la separase del sentimiento humano.
Teofilacto
O de otro modo: Temiendo Pedro bajar del monte, porque sabía ya que Cristo debía ser crucificado, dijo: "Bueno será quedarnos aquí", y no bajar allá en medio de los judíos. Si ellos vienen furiosos contra ti, tenemos a Moisés, que combatió a los egipcios, y a Elías, que hizo bajar fuego del cielo y que destruyó a cincuenta hombres.
Orígenes, in Matthaeum, 12, 40
San Marcos dice de motu proprio: "No sabía, pues, lo que decía". Aquí es de considerar que acaso hablaba así movido por algún extrańo espíritu, aquél quizás que quiso, en cuanto a sí mismo, poner la piedra del escándalo delante de Cristo, para que se alejase de la Pasión saludable a todos los hombres y para que obrando él mismo aun con seducción, no condescendiese el Seńor con los hombres, ni viniese a ellos, ni por ellos recibiese la muerte.
Beda, in Marcum, 3, 27
Después de pensar en un tabernáculo material, Pedro recibió abrigo en una nube, con lo cual se le enseńó que en la resurrección seremos protegidos, no por el techo de una casa, sino por la gloria del Espíritu Santo. "En esto, prosigue, se formó una nube que los cubrió". Pero como han hecho una pregunta imprudente, no mereciendo respuesta del Seńor, es el Padre quien responde por el Hijo. "Y salió de esta nube una voz que decía: Este es mi Hijo", etc.
San Juan Crisóstomo, homilia in Matthaeum, 57, 3
Como el Seńor acostumbra aparecer en una nube, sale en efecto de una nube la voz, a fin de que se la tome por la voz de Dios. En las palabras: "Este es mi Hijo carísimo", se manifiesta que es una sola la voluntad del Padre y del Hijo, y que, excepto la generación, ambos son uno mismo.
Beda, in Marcum, 3, 27
Muestra Dios Padre a los discípulos que deben de oír al Verbo hecho carne, a quien Moisés predijo ( Dt 18) que debía oír, todo el que quisiera salvarse cuando viniera en carne mortal. "Y mirando luego a todas partes no vieron consigo a nadie más", etc. Y para que no se creyese que aquella voz, que designaba al Hijo, era la de los siervos, éstos desaparecieron al punto.
Teofilacto
En sentido místico, esto significa que después de la consumación de este mundo -que fue hecho en seis días-, si somos sus discípulos Jesús nos llevará consigo al alto monte, esto es, al Cielo, y entonces veremos su singular gloria.
eda, in Marcum, 3,27
Con razón se considera en los vestidos del Seńor a sus santos, los cuales brillarán con una nueva blancura, debiendo entenderse por lavandero aquél a quien se dirige el salmista cuando dice: "Lávame todavía más de mi iniquidad, y límpiame de mi pecado" ( Sal 50,4), porque no puede dar en la tierra a sus fieles la claridad que reserva para ellos en el Cielo.
Remigio, in Matthaeum
O bien se designa con el lavandero a los santos predicadores, de las que ninguna puede existir en esta vida sin que el pecado manche su blancura y es en la resurrección futura en que serán purificados los santos de toda mancha de pecado. Dios los hará entonces como no puede hacerlos en este mundo la penitencia corporal, ni la doctrina, ni el ejemplo de los predicadores.
San Juan Crisóstomo, homilia in Marcum, hom., 10
O los vestidos blancos son los escritos evangélicos y apostólicos cuya claridad no admite término de comparación, ni pudo igualar ninguno de los expositores.
Orígines, in Matthaeum, 12, 39
O acaso debemos considerar moralmente como lavanderos sobre la tierra a los sabios del siglo que creen embellecer sus necios pensamientos y falsos dogmas con el brillo de su ingenio. Pero con todo su arte no podrán nunca hacer nada semejante a aquella palabra que revela el esplendor de los pensamientos espirituales a los que no conocen las Escrituras.
Beda, in Marcum, 3, 27
Moisés y Elías, muerto el uno ( Dt 34), y arrebatado el otro a los cielos ( 2Re 2), significan la gloria futura de todos los santos, los cuales, en el día del juicio, ya sea que vivan todavía, ya sea que resuciten, han de reinar en el cielo juntamente con El.
Teofilacto
O bien esto significa que veremos en la gloria a la ley y a los profetas conversando con El, esto es, que veremos conforme a la realidad lo dicho por Moisés y los demás profetas, y oiremos la voz del Padre que nos revela a su Hijo, diciendo: "Este es mi Hijo", a la sombra de la nube, es decir, del Espíritu Santo, que es la fuente de la sabiduría.
Beda, in Marcum, 3, 27
Es de notar que, en la glorificación del Seńor en el monte se declara todo el misterio de la Santísima Trinidad, así como se había declarado en el bautismo en el Jordán, porque veremos y alabaremos en la resurrección la misma gloria que confesamos en el bautismo. Y no en vano el Espíritu Santo, que apareció allí bajo la figura de una paloma, aparece aquí en una nube brillante, porque el que ahora guarda con sencillo corazón la fe que recibió, contemplará entonces con toda claridad el objeto de su fe. En el momento, pues, en que sonó esta voz sobre el Hijo, se encontró solo, porque, cuando se manifieste a los elegidos, será Dios en todo para todo ( 1Cor 15), o más bien brillará Cristo en todo con los suyos, como la cabeza con el cuerpo.