Y aconteció un sábado segundo primero, que como pasase por los sembrados, sus discípulos cortaban espigas, y restregándolas entre las manos, las comían. Y algunos de los fariseos les decían: "¿Por qué hacéis lo que no es lícito en los sábados?" Y Jesús, tomando la palabra, les respondió: "¿Ni aun esto habéis leído que hizo David, cuando tuvo hambre y los que con él estaban? ¿Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dio a los que con él estaban, aunque no podían comer de ellos, sino sólo los Sacerdotes?" Y les decía: "El Hijo del hombre es seńor también del sábado". (vv. 1-5)
San Ambrosio, in Lucam lib. 5
El Seńor empezó a librar al hombre de la observancia de la antigua ley, no sólo por miedo de sus discursos, sino también con su conducta y sus obras. De donde prosigue: "Y aconteció un sábado segundo primero, que como pasase por los sembrados, sus discípulos cortaban espigas,...".
Beda
Como los discípulos no tenían tiempo para comer por la impertinencia de las turbas, tenían hambre como hombres; pero cortando espigas, calmaban su necesidad; lo cual es un indicio de la austeridad de la vida, que no buscaban manjares preparados, sino alimentos simples.
Teofilacto
Dice, pues: "Y aconteció un sábado segundo primero", porque los judíos llamaban fiesta a todos los sábados. El sábado quiere decir descanso. Muchas veces ocurría que la víspera del sábado era una fiesta, y se le llamaba sábado, a causa de la fiesta; después al verdadero sábado le llamaban segundo-primero, porque era el segundo después de la festividad del día anterior.
San Cirilo
Las fiestas eran de dos clases: una que se celebraba en el sábado verdadero, y la otra que se celebraba al día siguiente, y que también se llamaba sábado.
San Isidoro
Dice segundo-primero, porque segundo era el de la Pascua, y el primero era el de los Azimos; pues como se inmolaba la pascua en la tarde, se celebraba la fiesta de los ázimos en el día siguiente. Que esto es así, infiérese de que los apóstoles cogían espigas y las comían; porque ya en aquellos días las espigas estaban sazonadas.
San Epifanio, Contra haer. lib. 1, haer. 30
En día, pues, de sábado, vióse que pasaban por medio de los sembrados y que cogían espigas, manifestando que había quedado concluida la obligación de guardar el sábado; esto es, Jesucristo, que nos hizo descansar del trabajo de nuestros pecados.
San Cirilo
Los escribas y los fariseos, ignorando las Sagradas Escrituras, habían conspirado a una para acusar a los discípulos de Cristo; por lo cual prosigue: "Y algunos de los fariseos les decían: ¿Por qué hacéis,...". Dime tú, cuando se te pone la mesa en día de sábado, ¿acaso no partes pan? ¿Por qué, pues, reprendes a los otros?
Beda
Otros dicen que esos cargos se hicieron al mismo Seńor; pero pudieron ser dirigidos por diferentes personas al Seńor y también a los discípulos; y a cualquiera que se refiriese, el cargo se dirigía a El especialmente.
San Ambrosio
El Seńor arguye a los defensores de la ley de ignorarla, citándoles el ejemplo de David. Y así dice: "Y Jesús, tomando la palabra, les reprendió: ¿Ni aun esto habéis leído?", etc.
San Cirilo
Como diciendo: esto lo expresa claramente la ley de Moisés: Juzgad rectamente y no tendréis acepción de persona, al juzgar ( Dt 1,16-17). ¿Cómo reprendéis a los discípulos, cuando hasta hoy día ensalzáis a David como santo y como profeta, no habiendo observado el precepto de Moisés.
Crisóstomo, in Mat hom 40
Obsérvese que cuando se habla al Salvador de sus siervos, cita siervos como David y los sacerdotes, mas cuando habla de sí mismo hace mención del Padre, como cuando dice: "Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo" ( Jn 5,17).
Teofilacto
Los refuta de otro modo, cuando ańade: "Y les decía: El Hijo del hombre Seńor es también del sábado". Como diciendo: Yo soy el Seńor que he mandado guardar el sábado, y como legislador tengo potestad de cambiar el sábado. El Hijo del hombre se llamó Cristo, porque, siendo Hijo de Dios, milagrosamente se dignó hacerse y llamarse Hijo del hombre, por amor a los hombres.
Crisóstomo, in Mat hom 40
San Marcos confiesa que dijo esto, refiriéndose a las dos naturalezas, porque decía: "El sábado se ha hecho para los hombres, y no el hombre para el sábado: conviene, por lo tanto, que más bien el sábado se someta al hombre, que no el hombre al yugo del sábado" ( Mc 2,27).
San Ambrosio
En esto se encierra un gran misterio. El campo es todo este mundo; la mies del campo es la fecundidad numerosa de santos, esparcidos en el campo del género humano; las espigas de ese campo son los frutos de la Iglesia que eran cogidos por el trabajo de los apóstoles, quienes se alimentaban de nuestro adelanto, y como separando los frutos de las mentes de los follajes de los cuerpos, los sacaron a la luz de la fe, por medio de los preclaros milagros de sus obras.
Beda
Restregaban las espigas, porque aquéllos que quieren seguir al cuerpo de Jesucristo, hacen morir el hombre antiguo en sus actos, separándole de los pensamientos terrenos.
San Ambrosio
Los judíos creían que esto no era lícito el sábado; mas Jesucristo, por el contrario, predicando el beneficio de la nueva gracia, anunciaba el ocio de la ley y el trabajo de la gracia. Dijo, sin embargo, admirablemente, segundo-primero, y no primero-segundo sábado, porque el sábado de la ley, que era el primero, fue abolido, y el que era el segundo, resultó el primero. Luego se llama sábado segundo, por razón del número, y primero por la operación de la gracia; mejor es el sábado en que se concede el perdón, que el otro en que se establece la pena. Acaso también se llama primero, por la predestinación del consejo, y segundo, por la sanción del decreto. Finalmente, David -fugitivo con sus compańeros- figura en la ley a Jesucristo y sus discípulos, que se ocultan al príncipe del mundo. Mas ¿cómo puede decirse que el que observaba y defendía la ley comió panes y dio a todos los que estaban con él -los cuales no era permitido comer, más que a los sacerdotes-, sino para demostrar por aquella figura que el alimento sacerdotal pasaba al uso de los pueblos, ya porque todos debemos imitar la vida sacerdotal, ya porque todos los hijos de la Iglesia son considerados como sacerdotes? Recibimos la unción del santo sacerdocio, ofreciéndonos a Dios como hostias espirituales ( 1Pe 2). Si, pues, el sábado se ha hecho para los hombres, y si la utilidad de éstos pedía que el hombre hambriento -que por mucho tiempo estuvo privado de los frutos de la tierra-, evitase los ayunos del hambre antigua, pues la ley no se quebranta, sino que se cumple.