"A vosotros, empero, que sois mis amigos, os digo: No tengáis miedo de los que matan el cuerpo, y hecho esto ya no pueden hacer más. Yo quiero mostraros a quién habéis de temer: temed a aquel que después de quitar la vida, puede arrojar al infierno. A éste es, os repito, a quién habéis de temer. ¿No es verdad que cinco pajarillos se venden por dos cuartos, y con todo ni uno de ellos es olvidado de Dios? Hasta los cabellos de vuestra cabeza todos están contados. Por tanto, no tenéis que temer: más valéis vosotros que muchos pajarillos". (vv. 4-7)
San Cirilo
Como la causa de la infidelidad es de dos tipos, sea que proceda de una malicia natural o de un temor accidental, para que no haya alguno que, aterrado por el miedo, se vea obligado a negar a Dios, a quien conoce de todo corazón, ańade con mucha oportunidad: "A vosotros, empero, que sois mis amigos, os digo: No tengáis miedo de los que matan el cuerpo", etc.
San Cirilo, in Cat. graec. Patr
No parece que se dirige esta sentencia a todos, sino únicamente a los que aman a Dios de todo corazón, los cuales conviene que digan ( Rom 8,35): "¿Quién nos separará del amor de Jesucristo?" Y los que no son así, son débiles y están expuestos a caer. Por cuya razón dice el Seńor ( Jn 15,13): "Que nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos". ¿Por qué, pues, no ha de ser muy conveniente que devolvamos a Cristo lo que de El hemos recibido?
San Ambrosio
Dice también que no se debe temer la muerte pues la inmortalidad la compensará con creces.
San Cirilo, ubi supr
Debe advertirse que hay preparadas coronas y honores para premiar los trabajos de aquellos que sufren la ira de sus semejantes, y que esta persecución tiene término con la muerte; por cuya razón ańade: "Y hecho esto ya no pueden hacer más".
Beda
Por tanto es en vano la locura de los que arrojan los miembros muertos de los mártires para que los despedacen la fieras y las aves, porque esto no impide que la omnipotencia de Dios vuelva a darles vida resucitándolos.
Crisóstomo, in Matth homil. 35
Considera cómo el Seńor procura que sus discípulos sean superiores en todo, enseńándoles a menospreciar aún la misma muerte por terrible que sea. También les da a conocer la inmortalidad del alma, cuando ańade: "Yo quiero mostraros a quién habéis de temer: temed a aquél que después de quitar la vida puede arrojar al infierno".
San Ambrosio
La muerte es el fin de la naturaleza, no de la pena. Por tanto, a la muerte debe considerársela como término de los sufrimientos corporales, mientras que la pena del alma es eterna, por cuya razón sólo a Dios debe temerse, cuyo poder no limita la naturaleza, sino que le está sometida. Y concluye diciendo: "A éste es, os repito, a quien habéis de temer".
Teófil
De aquí se deduce que para los pecadores la muerte es un suplicio, porque después de los sufrimientos que ocasiona la muerte, vienen a caer en las penas del infierno. Pero si examinamos con atención estas palabras, entenderemos que dicen algo más. No dice, pues, el que arroja, sino el que puede arrojar al infierno. Esto es así porque no son lanzados a la pena (eterna) inmediatamente todos los que mueren en pecado, sino que sucede a veces que (la temporal) se perdona en virtud de los sufragios y las oraciones que se hacen por los difuntos.
San Ambrosio
Había inspirado el Seńor el amor de la sencillez, había levantado la virtud del alma, sólo la fe vacilaba; y la robusteció usando de un ejemplo sencillísimo, con estas palabras: "¿No es verdad que cinco pajarillos se venden por dos cuartos, y con todo ni uno de ellos es olvidado de Dios?" Como diciendo: ¿Si Dios no se olvida de los pájaros, cómo se olvidará de los hombres?
Beda
Un dipondio era una moneda de muy poco peso y constaba de dos ases.
Glosa
El as es al peso lo que la unidad es al número, y el dipondio equivale a dos ases.
San Ambrosio
Acaso dirá alguno, como dijo el Apóstol ( 1Cor 9,9): "¿Será que Dios se cuida de los bueyes?"; porque éstos valen más que los pájaros. Pero una cosa es el cuidado y otra el conocimiento.
Orígenes, in Cat. graec. Patr
Se conoce por estas palabras hasta dónde llega la acción de la divina Providencia, que se ocupa hasta de las cosas más pequeńas. En sentido místico los cinco pájaros significan justamente los sentidos espirituales, que perciben las cosas sublimes y que son superiores a los hombres. Por ellos el hombre anda viendo a Dios, oyendo su divina voz, gustando el pan de la vida, percibiendo el olor de los perfumes de Cristo y tocando al Verbo vivo. Los que son vendidos por un dipondio -a vil precio- por los que consideran como necedades las cosas espirituales, no caen en olvido delante de Dios. Se dice, no obstante, que el Seńor se olvida de algunos por sus malas acciones.
Teófil
O estos cinco sentidos se venden por dos ases, esto es, por el Nuevo y el Antiguo Testamento. Por esta razón no son olvidados de Dios; porque de aquellos cuyos sentidos se entregan al Verbo de vida para estar dispuestos al alimento espiritual, nunca se olvida el Seńor.
San Ambrosio
O bien, el pájaro bueno es aquel a quien la naturaleza concede medios para volar; la naturaleza nos ha concedido la facultad de volar, pero la voluptuosidad nos la ha quitado. Esta carga el alma de los malos con el alimento de los vicios, y la abate reduciéndola a la realidad de una masa corpórea. Si, pues, los cinco sentidos del cuerpo buscan el alimento de las miserias mundanas, no pueden volar para conseguir los frutos de acciones más sublimes. Es, por tanto, mal pájaro aquel que hubiere perdido la facultad de volar por el vicio de la miseria del mundo. Estos son como los pájaros que se venden por un dipondio, esto es, por el precio de los placeres temporales. De esta manera el enemigo nos vende a vil precio como esclavos cautivos en guerra; mas el Seńor, que nos hizo buenos servidores suyos a su imagen, estimó su obra en lo que valía y nos redimió en un precio muy elevado.
San Cirilo, in Cat. graec. Patr
Se cuida mucho de conocer la vida de los santos, conforme a lo que sigue: "Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados". De este modo indica que conoce perfectamente todo lo que a ellos se refiere; porque las cuentas manifiestan un cuidado solícito y diligente.
San Ambrosio
Finalmente, el número de los cabellos no debe considerársele como cómputo, sino que da a entender su perfecto conocimiento y se dice con toda propiedad que están contados, porque contamos todo lo que queremos guardar.
San Cirilo, ubi sup
Hablando en sentido espiritual diremos, que la cabeza del hombre es su entendimiento y sus cabellos los pensamientos que están patentes a Dios.
Teófil
También puede considerarse como cabeza de cada uno de los fieles su correspondencia con Cristo, y por sus cabellos las obras de mortificación corporal que Dios cuenta y que considera dignas de su providencia.
San Ambrosio
Si, pues, la majestad de Dios es tan grande que conoce en su ciencia hasta un pajarillo cualquiera y el número de nuestros cabellos, ¿cómo puede decirse que el Seńor desconozca el corazón de los fieles o que los menosprecie, justamente El, que conoce cosas tan insignificantes? Por eso, concluyó diciendo: "Por tanto, no tenéis que temer: más valéis vosotros que muchos pajarillos".
Beda
No debe leerse que sois muchos, como si se tratara del número, sino que sois más que muchos, esto es, de mayor importancia para Dios.
San Atanasio, ora. 3, contra Arrianos
Pregunto a los arrianos que si Dios, desdeńando el hacer otras cosas, sólo hizo a su Hijo, en el cual trasladó su poder, para hacer todo lo demás; entonces ¿cómo se extiende su providencia hasta cosas tan pequeńas como son el cabello y el pájaro? Porque todo aquello a que atiende con su providencia lo creó con su palabra.